La trágica muerte de Gaudí: atropellado por un tranvía y confundido con un mendigo
Varios transeúntes y conductores no
acudieron en su auxilio por su descuidado aspecto. Falleció tres días
después
La comitiva fúnebre de Antonio Gaudí por las calles de Barcelona el 12 de junio de 1926 - ABC
M.A. Madrid
-
10/06/2016
«Los temores que se tenían respecto a un desenlace funesto en el estado de D. Antonio Gaudí (...) se han confirmado, desgraciadamente», informaba ABC hace 90 años. El genial arquitecto había fallecido a los 73 años el 10 de junio de 1926, tres días después de haber sido atropellado por un tranvía en la calle de Cortes de Barcelona.
Gaudí
se dirigía a la iglesia de San Felipe Neri para visitar a su confesor
cuando fue víctima del trágico accidente. Iba indocumentado y por su
aspecto descuidado varios transeúntes y conductores lo confundieron con un mendigo y no acudieron en su auxilio.
No se percataron de que ese anciano caído en la intersección de la
Calle Gran Vía de las Cortes y Bailén, era el creador de la Sagrada
Familia, la Casa Batlló o el Parque Güell.
Antonio Gaudí, en 1878, a los 26 años- ABC
Fue un guardia civil quien obligó a un conductor a trasladar al herido y
no le abandonó hasta que los servicios sanitarios se hicieron cargo de
él, según contó este diario. Hasta el día siguiente no se conoció la
importancia de las lesiones. Tenía varias costillas rotas, una contusión
en la pierna derecha y una grave hemorragia interna.
Los médicos que le atendieron en el Hospital de la Santa Cruz rechazaron
su traslado a un centro privado, dada la gravedad de sus heridas.
En cuanto se supo su identidad y la noticia de la desgracia circuló
por la ciudad, una multitud de personas se acercó a enterarse del estado
de salud del ilustre arquitecto, que resistió durante más de 60 horas.
Nacido
en Riudoms o Reus (dato incierto en su biografía) en 1852, Gaudí se
había trasladado a Barcelona en 1868 para estudiar Arquitectura. Se
cuenta que fue un estudiante tan irregular como inquieto y que simpatizó
de joven con el socialismo utópico, «pero la fe se impuso y quien en su juventud también había ejercido de distinguido dandi en la noche barcelonesa adoptó un modo de vida espartano: comidas frugales, caminatas de diez kilómetros diarios, sencillez y hasta ayunos que le pusieron a las puertas de la muerte», recordaba Manuel de la Fuente en 2011.
En 1878 conoció a Eusebi Güell,
su amigo y mecenas para quien realizaría las puertas de la finca, la
casa y las bodegas Güell, además del Parque Güell y la iglesia de la
colonia del mismo nombre. El Capricho de Comillas, el Palacio Episcopal
de Astorga, la Catedral de Santa María de Palma de Mallorca, la Casa
Batlló y la Casa Milà son otras muestras de su estilo único y personal.
En 1883 recibió el encargo para proseguir con las obras iniciales de la Sagrada Familia,
labor a la que se consagraría hasta su muerte. Allí fue inhumado, en su
cripta, la única parte del templo que el arquitecto vio construir junto
a la Fachada del Nacimiento. Unas 5.000 personas se congregaron en la
explanada del templo durante su entierro, que se convirtió en una gran
manifestación de duelo.
Estado de las obras de la Sagrada Familia en junio de 1926- ABC
Era
voluntad de Gaudí y así constaba en su testamento, que éste fuera lo
más sencillo posible y que no se admitieran coronas. Su ataúd, cubierto
por un paño de terciopelo morado de la Asociación de Arquitectos de
Cataluña, fue colocado en una carroza fúnebre tirada por dos caballos.
Al frente iban un cabo y cuatro individuos montados del Cuerpo de
Seguridad. Les seguían una sección de la Guardia ubana, la Liga
espiritual de Nuestra Señora de Montserrat, la Asociación Gregoriana,
alumnos de la Escuela de Arquitectura, obreros de la Sagrada Familia con
hachas, el clero del Hospital de la Santa Cruz... «el cortejo era
numerosísimo», según describía ABC.
Cuando la presidencia del
duelo, con las autoridades y familiares de Gaudí, entró en la catedral
«las últimas filas del acompañamiento estaban todavía en la Rambla del
Centro», relataba la crónica. Durante el entierro, «de una imponente
severidad litúrgica», sonaron pausadamente las campanas. Era el adiós a
un genio tan admirado por profesionales como por el público. Siete de
sus obras están consideradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco
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